
La calefacción geotérmica tiene una larga tradición en el norte de Europa y de Norteamérica. En la capital de Islandia, por ejemplo, el 90% de las viviendas utiliza este tipo de calefacción. En nuestras latitudes, la geotérmica puede utilizarse no sólo para calefactar, sino también para climatizar. Una bomba de calor convencional expulsa el calor de la casa al aire de la calle cuando hace aire acondicionado, o lo absorbe de la calle y lo inyecta en la casa cuando está produciendo calefacción. Esto hace que su rendimiento dependa de las condiciones meteorológicas externas, puesto que es más sencillo expulsar el calor cuando fuera hay, por ejemplo, 25ºC, que cuando hay 40ºC. El esfuerzo que tiene que hacer la bomba es menor en el primer caso y mayor en el segundo. Pero la bomba de calor geotérmica utiliza el subsuelo como intercambiador de calor, y el subsuelo mantiene una temperatura constante a lo largo del año, de forma independiente a las condiciones meteorológicas imperantes. Por este motivo, la bomba de calor geotérmica tiene un rendimiento mucho más elevado que las convencionales, un 600%, y no está condicionada por la temperatura media en el invierno, ya que las bombas de calor convencionales no se instalan allí donde la temperatura media es inferior a los 5ºC en invierno, pues su consumo de electricidad es entonces elevado y su rentabilidad baja.
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